Τρίτη, 23 Οκτωβρίου 2007

DE LA EXPRESIÓN EN EL HOMBRE

El ser humano, desde los albores de su existencia, se ha comunicado de modos diversos, los cuales, con el acaecer del tiempo han ido variando y en cierto sentido perfeccionando. Dentro de esas formas de comunicación, han trascurrido desde las expresiones más simples hasta las más elaboradas técnicas de manifestación sensible. Dentro del espectro del quehacer humano, el arte ha sido un punto básico de la expresión humana, sujeto a un aspecto inherente al hombre, que resulta ser lo sensible, el cual, no precisamente se le contrapone a lo racional sino que lo complementa de alguna manera. Así, para el hombre categorizado como primitivo existían un par de señales que evidenciaban la separación entre el florecer de la vida y el inevitable perecer. El movimiento y el sonido, al hálito, y la suspensión respiratoria, como el movimiento del prana. Los ritos entre la vida y muerte se manifiestan en este dual entender. La danza, como expresión corporal y el canto se funden como símbolos que ejemplifican lo animado, el ánima, la vida. Quietud y silencio son entonces símbolos de la muerte. El hombre encontró música en el cosmos, en la naturaleza (por medio de la utilización de instrumentos que estuvieran a su alcance) y en su propio instrumento, mágico y envolvente, la voz. Se fueron generando sonidos que representaban lo cotidiano, lo más cercano; es decir, lo sensible. Las antiguas culturas desde hace más de 5000 años ostentaban instrumentos armónicos. En los sistemas calendarios cíclicos, astronómicos, el movimiento forja la expresión de la vida, el devenir, la impermanencia lo, natural.

De las bellas artes, es la música (del griego: μουσική [τέχνη] - musiké [téjne], "el arte de las musas") la expresión que organiza sensiblemente una combinación coherente, racional, inteligible de sonidos y silencios (espacios) mediante los principios fundamentales y estructurales de la melodía, la armonía y el ritmo, donde intervienen diversos procesos emocionales psicológicos, sociales, culturales; a saber, todo un espíritu en movimiento, el ánima del dar, de dar de sí, es expresión natural, es síntoma de que el corazón late, es signo de vida. La música, como toda manifestación artística, es un producto gestado en la cultura, como las ciencias y en su medida también la filosofía. El fin de la música a grosso modo es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo, el estado de conciencia, del individuo. Así, la energía sonora se impulsa en varias facetas, desde lo sublime hasta lo ridículo, aunque en realidad en gustos se rompen géneros, dice las voz popular. La música que envuelve al oído es sonoridad sistematizada.

Los artistas tienen por modo de su quehacer una tendencia a mimetizar la realidad tangible. Todo arte comunica una forma especifica, todo quehacer tiene un fin determinado. El arte comunica emociones y formas de apreciación. El arte esta ligado indiscutiblemente a la imaginación, es cómplice de ésta, juega con la evocación e intima con la creatividad. Ya sea que nos conduzca a la verdad, nos libere de de las pasiones en sentido gradual al representar una tragedia (catarsis), o nos aparte de la verdad por ser sólo una imitación de ella como mencionaba el filosofo griego platón. El arte en éste mundo es creación exclusiva del hombre, y su fin lleva implícito comunicar algo en especifico, no solamente con palabras. sino con expresiones que se ligan a cualidades meramente humanas. El arte es la manifestación más pura del espíritu humano, es la exteriorización objetiva del sujeto, que se convierte en subjetiva cuando se emite dentro inteligibilidad de la realidad empírica. La expresión artística atendiendo tanto a las formas, el color, la luz, la armonía, la proporción, el carácter mimético o la flexión sobre el arte, no son otra cosa sino la “voz” de un alma que se comunica. El intelecto comunica estados metales, los estados mentales se hallan en medio de profundas vicisitudes y por ello existe gran diversidad dentro del universo discursivo.
Roberto Fernando Tarratz Rodríguez

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