Σάββατο, 5 Δεκεμβρίου 2009

LAS MOSCAS DE JEAN-PAUL SARTRE (RESEÑA)


Con una temática alusiva a los grandes temas de la antigua Grecia, y tomando a personajes arquetípicos, casi marcando cada uno un cierto estilo de carácter, de ánimo, el filósofo francés Jean-Paúl Sartre deja plasmado como punto central en su obra en tres actos Las moscas una milenaria cuestión humana, que se rastrea desde el momento en que nos asumimos como hombres, racionales y volitivos, por lo menos así lo ve el pensador francés en este texto, a saber, es el tema de la libertad. Las moscas es un texto donde el joven Orestes llega a la ciudad que lo vio nacer buscando una respuesta a su pasado, y quizás más que buscar una respuesta, lo que desea este protagonista mancebo es darle un revés al eco que han dejado los hechos que se suscitaron cuando el apenas era un infante. Esos mismos acontecimientos que le imprimieron a su vida una chocante inquietud de asumirse de tal forma de corresponder a su sentir con acciones poco sumisas. Al llegar a la ciudad de Argos Orestes dice llamarse Filebo y ser de Corinto, bajo esta identidad conoce a Electra quien le narra la situación de la ciudad, y sus propias penas cotidianas que acaecen en su vida aunque si bien palaciega poco privilegiada, pues Cilmntemestra y Egisto asesinos de Agamenon, son malos gobernantes por un lado y por otro constantes ejecutores de arbitrariedades contra Electra quien resulta ser la hermana de Orestes. Así se da la unión de estos dos personajes, pues Agamenon es padre de los dos y Cilmntemestra igualmente la madre de ambos. Resulta entonces que Egisto es el vil asesino del progenitor de esta pareja de hermanos, que se reencuentra en la juventud.
Electra en un principio, cuando descubre quien es Filebo, o sea, Orestes, se muestra presta para la venganza, quiere librase de su situación de sumisión y desdicha, se sabe diferente de su pueblo por su actitud altiva pero más que ello por su fuerza vital y ganas de despertar hacia una vida de libertad. Es aquí donde la obra traspasa una ficción y su autor pone la idea, la noción de liberación, en pedestal para la reflexión ardua. Es que buscando una repercusión social Las moscas fue escrita durante la segunda guerra mundial, cuando los alemanes ocupaban Francia, así que el tema de la libertad humana inherente al hombre mismo, independiente de sus circunstancias es fundamental para analogar el texto y el sentido que el autor quiere reflejar en él.
Es curioso como el personaje de Clitemnestra parece tener un carácter más bien pasivo frente a Egisto, ellos dos hacen una dupla de soberanos que junto con su pueblo dan la impresión de jugar solamente los roles asignados para cada uno y de ahí no dan más, no se mueven de su circunstaciolidad, por lo menos no desde el asesinato de Agamenon. Por otro lado el factor que reflejan las moscas dentro de la obra es esencial ya que son más de lo que aparentan, en efecto, son símbolo de muerte, de vida, dualidad, son importantes tanto en el inicio como en el final del texto, dan pauta para entender el sentido que el filósofo existencialista quiere marcar en este drama, son pues las moscas aquellas que dan la pauta para inferir que en esa ciudad los muertos son los vivos, cargan con una pena, y con los llamados pecados, aquellos errores que ni siquiera son los suyos sino los de su soberano. Son pecadores, es decir yerran, pero su falta más grave es no reconocerse como hombres libres. Las moscas también se disuelven al final en las erinas o furias, aquellas que en la antigua Grecia perseguían a los que habían cometido un crimen en contra de los padres, como es el caso de Orestes, quien termina asesinando a su madre.Asimismo una de las partes más interesantes y sustanciales de la obra es el diálogo entre Júpiter y Egisto pues el primero argumenta porque se toma la molestia de advertirle que Orestes lo quiere matar. Júpiter, desea contemplar el arrepentimiento de los hombres y ocultar el mayor secreto de los dioses, aquella verdad, de la cual si el hombre se llegase a enterar, ya los dioses no tendrían poder sobre ese hombre, sólo los hombres frente a los hombres, y esa gran verdad no es otra cosa sino la libertad, la presea que el ser humano busca tan afanosamente sin percatarse, ya, de que él como tal es libertad. Orestes mismo le dice a Júpiter, que el momento en el que él, honorable dios, creo a los hombres estos dejaron de pertenecerle, y es que el joven Orestes no se arrepiente del crimen cometido y las herinas por ello atacan a la que si se acepta como culpable del asesinato a pesar de no haberlo cometido de forma directa, o sea, Electra, la cual con un semblante ya cansado y siendo cómplice del fatal matricidio se deja llevar por el remordimiento de forma tormentosa. Es así como, Sartre muestra en los personajes una conciencia ligada firmemente a la libertad, no sólo a una cierta conciencia moral, ni abstracta o conceptual, sino a una libertad concreta, de hecho, de vida. Es que en este sentido todos los hombres son libres, pero es realmente libre el que se reconoce como tal, pues sus actos tendrán el peso y la huella de esa fuerza inminente, necesaria y esencial que es la libertad pura y manifiesta.


Roberto Fernando Tarratz Rodríguez