Παρασκευή, 16 Σεπτεμβρίου 2011

LA EXPERIENCIA REFLEXIVA

Exploraciones acerca de una actitud filosófica ante la vida dentro del panorama contemporáneo



“La experiencia no consiste en el número de cosas

que se han visto, sino en el número

de cosas que se han reflexionado".

José María de Pereda.



Nadie puede construirse el puente sobre el cual hayas

de pasar el río de la vida; nadie, a no ser tú”.

Federico Nietzsche



Introducción.


Tomando como premisa la idea certera, difundida, lógica, ampliamente estructurada, pero poco aplicada, de que todo problema es una pregunta racionalmente fundamentada, se entiende en buena medida que el punto de enfoque con antelación asumido o direccionado por un sujeto determinado es medular para comprender de manera diversa y especifica la realidad, es decir, predisposición y reconsideración de las situaciones y de las circunstancias, lo que se traduce en un responder y en un reaccionar de modos específicos en momentos concretos. La historia, en éste caso entendida como conjunto de hechos seleccionados a modo narrativo, tanto personal, la vida de cada individuo, como globalmente, el consenso, muestra con claridad casi dos vías a seguir dentro las formas diversas de comprender y conducirse ante las problemáticas diversas que expone la realidad en cada tiempo y contexto, a saber, la racional y la intuitiva, el canto puro y su sistematización, una lógica espontánea y una formal, lo apolíneo y lo dionisiaco. La exploración personal es camino óptimo para dar solución al cúmulo determinado de cuestionamientos que se presentan de continuo a la mente. El hombre, cuenta con una voz que dice; que confiesa, que expresa, que enuncia sus conflictos y la necesidad de resolverlos, y de igual manera, si entendemos a la vida como un drama, o sea, como acción pura, el hombre, el ser humano, es entonces un ser hecho para la acción, porque parte importante de su esencia es el actuar, en tanto que el ser es, parte de su notas elementales están en el dar de sí. Tal punto se entiende dentro de una exploración que va encaminada a seguir las vías de una expresión reflexiva sobre la experiencia de vida, sobre la auto-afirmación de una conciencia conciente de sí que se manifiesta en el mundo, en la realidad, en lo fenoménico, en la contingencia, en el dinamismo. Se trata de un quehacer filosófico que traslada a lo práctico el pensamiento y la idea de carácter reflexivo, pues la filosofía es en esencia una actitud determinada, y, en efecto, una concepción unitaria del mundo y de la vida, un estado mental cimentado y direccionado a metas y objetivos proyectados premeditadamente. El punto básico es entonces entender la disposición de la mente hacia la compresión de la vida misma, y su sentido: un vínculo entre el pensamiento racional y la sensación: es por ello la experiencia reflexiva el resultado del vivir, pero la concientización de esa misma experiencia es motor de un cambio transformador en la vivencia de carácter racional, aquella que está presente en cada ser humano, en tanto que participa de la humanidad, y un cierto tipo de experiencia que parece prudente y menester ejercitar en la actualidad, por no decir ya de forma perenne. Es inevitable la experiencia reflexiva, pero ejercitarla es ya producto de la intencionalidad humana, la que se aplica desde lo individual. Ese apartado puede entenderse como la interiozación de los contenidos de la experiencia, es decir, la mirada introspectiva.



La inevitable experiencia de la reflexión

Los términos experiencia y reflexión nos remiten de forma casi directa a la filosofía, a las ciencias, pero su sentido más esencial y directo va encaminado inevitablemente a la vida misma, a la esfera de todo su fenómeno. Desde su raíz etimológica el sentido de la palabra reflexión descansa en el verse a uno mismo; del latín reflexio y por su lado la experiencia, experientia, conduce a resultados inevitables del vivir, es decir; el ensayo, el hacer, el dar de sí en la acción. Es evidente, que tales términos se encuentran en varias ciencias, y se han entendido de forma distinta en varias épocas, pero su aplicación concreta, evidentemente radica en la vida misma, y su contacto directo se encamina hacia la filosofía, o por lo menos se dirige hacia una actitud filosófica determinada, por la naturaleza misma de esta última. Así, desde su dirección práctica y objeto de estudio, en Occidente, la filosofía es madre del saber sistemático y de orden racional. Empero, su función primordial siempre ha sido, sino no falla el natural entendimiento, el de la aplicación práctica de principios o formas previamente cotejadas, tanto en los modos de reflexionar orientales como en las formas de pensamiento meramente occidentales, si es que acaso son, en esencia, distintas las antes mencionadas. Las herramientas de la filosofía son la clave para la modificación de las estructuras mentales que desembocan en cambios nítidos en la vida, o en hábitos buenos o malos dependiendo el carácter y el sentido de la acción. En primer término para hablar de experiencia, desde un punto de vista filosófico, es evidentemente remitirnos a la historia de la filosofía; las disquisiciones sobre la epistemología y hasta la metafísica. Pero si se habla de experiencia como tal, tenemos que esgrimir tal apartado entre lo conceptual y lo vivencial, en la definición del término y en la sensación y percepción de ello. O sea, distinguir entre el canto personal y la técnica vocal que encuadra la expresión, por decirlo de algún modo. Así se tiene entonces…Una voz que dice. La palabra, la expresión interna…La mirada introspectiva, es aquel otro elemento imprescindible que conduce al encuentro neto con la reflexión, y es muy diverso en cuanto a su sentido y posibilidad, y esencialmente es en esa particularísima experiencia donde se ubica la forma más personal de abordar la vida y de proporcionarse un mundo a través de un proceso significación. Así, plasmar el punto de la experiencia reflexiva en consonancia con la vivencia cotidiana, es la vieja historia de unir lo que de suyo siempre ha estado en coexistencia pacifica, pero por razones aparentemente insondables se escindió. Porque la experiencia, por su propia naturaleza siempre va dar por implicada una idea y realidad de aspecto personal y subjetivo, pero no como un término peyorativo o en todo caso limitado sino elemental dentro de las vías del conocimiento humano. Así, mirar, ver conscientemente, en tal sentido, la introspección neta, es piedra angular para la vivencia reflexiva intensa, sincera y una narración personal que busque al ser, no sólo siendo, sino que su objetivo radique en ir hacia el ser, lo que es como sustento y no otra cosa distinta a ello, es decir, la experiencia neta y no sólo el concepto, es una meta de la exploración propuesta. De tal manera que la filosofía puede entenderse como actitud hacia la vida, y esa es la expresión que más interesa en la presente narrativa del vivir. Entender, o por los menos plasmar las vías, tan diversas, de las herramientas básicas, que de forma innata ostenta el hombre para conocer el mundo y su propia experiencia de auto-conocimiento, y el carácter que a través de ese ejercicio le imprime al mundo, a la unidad, desde su visión particular. Cierto es que reflexionamos porque nos resulta inevitable, natural, es un hecho muy humano, pero es algo que se tiene que ejercitar concientemente…Una actitud filosófica, es a lo que nos lleva ese ejercitar cociente de la reflexión innata en el ser humano. Asumir una actitud ante la vida es una tarea en sí misma, en cuanto que se le entiende como actividad humana, racional, delimitada y encaminada dentro de un parámetro de sentido y forma, de intencionalidad: vía segura de significación y direccionamiento. El camino del obrar humano se rige en buena parte por factores de decisiones, y si la experiencia misma es elemento imprescindible del desarrollo humano, de la cognición y de las maneras de relacionarnos con el mundo, entonces tales puntos son los que encaminan la transformación de los cristales con los que vemos el mundo que nos proporcionamos y clave de acceso a la realidad en la que habitamos. De tal, se sigue que la voz se dice en el tiempo y el espacio. La voz que dice es al tiempo, en cadencia, y en espacios. Pues la expresión primero da y luego se entiende ante sí, y ante la vida de racionalidades puras y naturales. De tal forma que primero se dice y luego se comprende lo que se dice, o sea: lo natural se sistematiza, porque para apuntadas formulas no hay reparos, si antes se ha sentido y contenido para después de vibrar, calmo ya el pecho, el corazón su ritmo recupere, y con la voz y el cuerpo ya en otro tono no se exaspere la expresión, para así rematar con elocuencia los inevitables pensamientos reflexivos….Esa es la primera mirada al mundo de los hombres en la experiencia del vivir. Una mirada primera, espontánea, lata. Es por ello necesidad imperiosa la sinceridad…La necesidad de estar conciente en el espacio y el tiempo donde se habita. Afirmarse en el “Yo soy”, por ejemplo: sin nacionalidad definida, voz de la esencialidad, y aunque se ha nacido en lugar y ubicación concreta, prescindir de someter la identidad a la contingencia del mundo sensible. Así, siempre que se ha de ver lo que se hizo, esa puerta segura, el vistazo retrospectivo e introspectivo, en mancuerna con la experiencia reflexiva consciente, es ya, pues, segura senda de la vida, una muy segura que encauza las visiones de la voz interior, o por lo menos de las inquietudes inmediatas pero un poco más pensadas que los automatismos cotidianos. Se aprecia asiduamente que aquel que le que habla al mundo dice, unos más otros menos, pero, ¿qué preguntas tiene el hombre de hoy? Tomando a consideración, que es más efectivo el cuestionarse que la afirmación absoluta, ¿cuáles son las voces de su espíritu ansioso de reflexiones? Para el ejercicio reflexivo la pregunta es combustible, para la mirada introspectiva la serenidad continua es un resultado. Esas, algunas, son vías óptimas del desarrollo personal e interior. Y es que, solitario es el sendero de los buscadores, en efecto, pero más solitario, el de aquellos que no buscan dicen esas voces de antaño, de allende, y de la proximidad en el mundo, y también, tal carencia volitiva es vía de penumbra, y el sendero de aquellos que no miran su interior, o que no lanzan su voz que dice, lo que sea, pero algo dice, porque es una voz, humana y viva. Así es como cuentan que dijo una vez, el sabio perenne, que el cielo es clave y el interior humano respuesta, no sé si sea cierto, pero pensándolo con detenimiento resulta ser muy coherente, y elemento que funge a modo de espejo. La vinculación entre lo observado y el observador, el juego más antiguo que se vence y se condensa en cantos profundísimos y sinceros. Por eso se va con frecuencia recorriendo paisajes, con virajes, y en un instante de dicha retornar a la angustia, todo ello si no se tiene una real y efectiva concientización ante lo que se piensa, hace y se dice. Manera tripartita de expresar la vida sensible, racional y espiritual, es decir, humana.

De tal modo que cuando la palabra no alcanza por tantos idiomas hablados, la necesidad de entenderse se traslada al gesto, al movimiento tan diverso y asombroso. Aunque la primera expresión no sea la palabra, la cual no es innata, sino que la forma primigenia de dar al mundo es la presencia de uno mismo, el estar y obviamente el ser. Las líneas que recorren los trazos de la palabra y entonación precisa, de la danza y el movimiento encauzado son puente hacia la acción adecuada en el momento justo. Como la vida que es simplemente presente, neutra y con ella, los astros se dejan ver sin forma de clasificar su verdad, porque el sentido del cosmos se retoma cuando habita el pensamiento del haber, del tener, por ejemplo, la idea de un sol que brilla, y que con la luz y el fuego da calor, vida, y visión de las formas del mundo, y entendimiento en tanto que contribuye a dar substancialidad a los objetos, da conocimiento a los hombres, sino, ¿a quién?, como el mito de Prometeo. Esas mismas fuerzas de fuego continuo son las que arden cuando la nota hace que el ser afine y se movilice al son de la música, la que proviene desde el eco de la vida. Con los estímulos del mundo, el drama; la acción de la realidad, se construye la gran historia de los pequeñas relatos de los personajes del cosmos humano, de la tierra, del tiempo y el espacio en conjunto con el movimiento de las situaciones, y con ello el de los temas de las distintas emociones, la fluctuación humana. Con todo ello, ¡es una belleza el poder contemplar todas las poses del guerrero que se vence y al morir como el fénix, deja de ser para volver a ser sin haber dejado de ser lo que era! Pues jamás perdió su esencia, pero sí se trasformó; el juego del ser y sus accidentes, ese que desemboca en la noción de la unidad y lo múltiple. Esta es una voz que dice… Una que dice en el presente que a través de la mirada, del acto introspectivo, aquel que une el cuerpo a la voz interior se mira claramente cómo el orden da y la respuesta, así, ahora, se diferencia de la reacción. Lo seguro, dice el canto interno, es que, asumir una actitud determinada ante la vida, es ya una forma específica donde se encauza el síntoma y después la respuesta del vivir, y las miradas profundas, y direccionadas hacia la vida, las introspectiva, o sea, la experiencia reflexiva.



Roberto Fernando Tarratz Rodríguez





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