Παρασκευή, 2 Νοεμβρίου 2007

LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE LA MUERTE

“El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos”
Pitágoras




En fechas festivas, tradicionales, o conmemorativas un percibe por doquier la proyección del pensamiento popular. Toda cultura tiene su espíritu particular, su forma de abordar los aspectos más cotidianos de la vida, pues es en esa particularidad donde se da el sentido de la cultura como diferenciación de formas conductuales y de entendimiento con respecto de otra. En el caso del tema de la muerte no es la excepción. Si bien es cierto que todo lo que pende sobre la temática de la muerte está supeditado, en mayor medida, a la cosmovisión del individuo que se interrogue sobre el sentido de la vida y en este caso de la muerte, la acumulación de cosmovisiones individuales en una sociedad, o específicamente la escasez reflexiva sobre la misma tendencia a la tradición o el comportamiento mimético, genera una cierta unidad, que da pie a un determinado tradicionalismo. Se da así, desde éste punto de vista, un sentir común.

La pregunta de la cual no puede prescindir el hombre a lo largo de su vida, es precisamente la que intenta responder el sentido que tiene la existencia, su existencia. Pero vaya ser el caso de que la vida y la muerte están aparejadas, entonces preguntarse por una es ya estarse preguntando por la otra. El hombre, es en efecto un ser que sabe, por su racionalidad, que ha de morir. Dice con buena razón un adagio latino que no son las cosas las que nos afectan sino la forma que les damos, la manera como las tomamos. Saber que uno ha de morir, puede generar angustia, dependiendo de si vemos la vida con apatía, sin sentido, con miedo, o con ciertas formas que limitan la existencia a lo evidente. Ciertamente que la vida trata de perspectivas, de actitudes. Yo, como ser libre y volitivo puedo ver y tomar, darle un sentido expresamente, a la vida como me plazca y a la muerte, pues no se diga. La muerte evidentemente es inevitable. La cuestión seria entonces, qué entendemos por morir?

Dentro de la psicología la muerte se entiende cuando el individuo suspende las funciones fisiológicas que le permiten entrar en el ámbito social, cuando ya no puede manifestar un cierto comportamiento. La muerte desde esta óptica es cuando cesan los procesos mentales y relaciones dentro de las mismas trasformaciones que se generan en el pensamiento. La medicina menciona, hablando en general, que cuando se suspenden las funciones vitales del cerebro y el corazón, que son los órganos que fungen de motor para cualquier movimiento o circulación sanguínea respectivamente entonces no hay ya vida. Cabe mencionar que se puede llevar al debate el tema de la muerte cerebral o el del estado de coma. Los anteriores son temas que le competen en mayor medida a la bioética.


En realidad son varias las definiciones de muerte que darían las ciencias que se dedican al estudio de la salud o de la vida, y específicamente de la vida del hombre. Además las religiones nos dan también, una determinada explicación, no sólo para entender la vida sino la muerte como una preparación para lo que vendrá, para otra forma de existir, “una vida futura”.La interrogante sobre lo que vendrá siempre supone la existencia de un tiempo futuro, un momento que aún no ha llegado. De igual modo el pasado es un tiempo ya acaecido, inexistente, porque no esta “aquí y ahora”. Lo existente como algo sometido a un tiempo supone un momento presente. Por eso el hombre como ser existente, como ente que participa del acto, del cual participa todo ente, del esse, el acto de ser, se encuentra circunscrito al tiempo y por ende a un espacio y a un movimiento especifico. No puede haber un tiempo sin no hay movimiento. La vida es un movimiento, la muerte es la culminación de un cierto movimiento. El mundo sensible presenta en toda especie un género, es esa, una muestra de la estructura lógica de la realidad empírica. El complemento de la vida a nivel físico, es la muerte, o la suspensión del cuerpo animado. Todos los seres sensibles, por su propia naturaleza son finitos, contingentes y perecederos, por ende no son inmortales, eternos, como cuerpo, más no como energía inteligente. La muerte es una lógica consecuencia que provoca el efecto de la vida, del vivir, del movimiento de un cuerpo físico, mesurable y corruptible en cierta forma, aunque no del todo, depende de la perspectiva con que se mire. La filosofía, la ciencia y la teología nos proporcionan un sin número de soluciones para vivir una vida plena y para tomar la muerte de la manera más optima posible. La Tanatología estudia, por ejemplo, el proceso de muerte y de agonía para disminuir el sufrimiento del enfermo que padece de alguna afección específica, y así encontrar un buen morir.

Las dos ideas fundamentales son la materialista y la espiritual. La vida acaba con está experiencia de vida o por el contrario trasciende a otra forma de experimentar? Si aceptamos la primera, tal vez, sólo habría que considerar que el hombre en cuestión permanecería en la memoria de sus allegados, o en la colectiva si fue bendecido por la fortuna, si realizó innumerables proezas, o por la grandeza de sus actos , de su pensamiento, virtud y hasta por su amor fraternal y universal. Si en cambio pensamos en que hay a lo mejor no sólo una vida futura y eterna sino muchas vidas más y hasta en distintas formas de experiencia sensible; tendríamos que comprender ya la misma existencia presente distintamente.

Actualmente hay muchas religiones en el mundo, muchas tradiciones y cultos, adoraciones hacia muchas cosas, no únicamente hacia lo divino, o hacia una divinidad suprema. Cabe destacar que ante todo, lo que nos compete como seres humanos es percatarnos de que en nuestras propias decisiones está el proyecto de nuestra vida y que lo relevante, es conocer cada vez más a fondo cómo realmente actuamos, qué es realmente lo que pensamos, qué decimos, con qué nos alimentamos, cómo nos relacionamos con las personas, en las distintas situaciones; pues es mayormente en los puntos acentuados con antelación, donde le vamos dando sentido al vivir, gestando así un entender, una forma específica de comprensión y vislumbramiento sobre el morir. Se trata, que desde el aspecto individual se vaya concientizando.


Roberto Fernando Tarratz Rodríguez

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