Τρίτη 23 Οκτωβρίου 2007

ACERCA DEL TIEMPO Y EL OTRO DENTRO DE UN MARCO EXISTENCIALISTA




El ser se mueve en lo indeterminado, se ve sometido al vació, se dirige hacia la nada. Nos encontramos navegando en un ámbito de corte existencialista. Donde el existente y la existencia se conjugan e intentan definirse. También elaboramos el ejercicio del discernimiento entre la pluralidad y la singularidad, que envuelven al ente o que le competen a éste. El existente navega en la existencia, donde el ser se ve arrojado al vació, al cúmulo de posibilidades, encontrándose así con la nada. Éstas posibilidades son parte intrínseca del ser, lo gestan, “le dan el propio ser” a medida que avanza en el factor tiempo. Con esto tenemos que el ser esta obligado a existir, y en este determinismo el ser haya su anunciación a la muerte. Morir es una “realización” para el ser, ya que al encontrar ésta última, localiza su verdadera libertad, apartándose de una vez por todas de la existencia inevitable. Por éstas razones con antelación expuestas, es ilógico pensar en una existencia donde no se encuentre depositado el ser. El ser le da vida a la existencia y en la sensación de vació y angustia radica la soledad que augura la posibilidad. El hombre así encuentra un indicio de su existencia en el antagonismo y en la otreidad tal cual. Por eso el hombre convive con el otro, en un tiempo armónico. El mundo aparta al hombre de sí mismo, la soledad le devuelve al hombre su identidad. En el sumergirse en uno mismo radica el acceso innegable al verdadero ser. Rebasamos de esta manera la materialidad, y tocamos ahora el espíritu con anterioridad vislumbrado.
Roberto Fernando Tarratz Rodríguez

COMENTARIO ACERCA DEL ARTE RETÓRICA DE ARISTÓTELES (LIBROS I, II, III)

Cuando nos disponemos a emitir algún juicio ante el oyente, debemos conocer con necesaria precisión, que nuestras ponencias deben gestarse mediante un proceso reflexivo elaborado con anterioridad. Por ello es bien sabido, que al hablar sobre algo en específico, tendremos, pues, que cargar nuestras palabras de un conocimiento previo, es decir; hablar con episteme ( conocimiento) y no con doxa (opinión). Es evidente que el saber común, generándose éste por consenso, nos concede la pauta, siendo ésta de alcance general, sobre la que se toma lo fidedigno. De ésta forma nos resulta claro qué norma hay que seguir para construir un discurso avocado hacia la compresión, no sólo en el ámbito propio de los doctos, sino en el del público no especializado. Pues los oradores saben que es hacia éste último al que se dirige primordialmente el discurso. Ya que se habla de lo particular pero en un sentido general.

El estagirita nos expone a la retórica como el arte que se vierte en toda ciencia, más no le pertenece propiamente a ninguna, ya que es posible deliberar sobre cualquier cosa. Contando que, para la deliberación es menester un método idóneo, recalquemos que éste método no le compete al que ignora el arte; tan sólo al capaz de manifestarlo, pues éste conoce bien sus causas. No todo hombre se encuentra adiestrado ni por el don innato, ni por el de la práctica, para dar un buen discurso. Esto debido a que la retórica forma parte de un constitutivo que se manifiesta en distintas áreas del saber.

Evidente, pues, resulta nuestra ponencia acerca del arte del “buen hablar”, más no por ello se demerita la misma. Puesto que decimos que el arte del verso y el de la prosa tiene su origen mediante la sensación y la reflexión. Ahora el principio racional se adhiere a la tendencia dionisíaca, conjugándose así en el sendero que arma el compendio de elementos propios de la retórica.

Si tenemos que el entimema es la base del argumento retórico; porque tiene como fin la persuasión, y, a quién persuadimos, sino al oyente. Notamos así una dialéctica. Aunque, no propiamente como tal, puesto que, el que domina, el que lleva la voz cantante, en el sentido más literal de la palabra, es el orador -esto en el momento, en que, al parlante le pertenece el público-. Será por ésta instancia, un caso donde el orador retome lo inteligible de la realidad -lo poco o mucho- que habite en su entendimiento. Plasmando así el poder de su juicio, y mediante ello; tomar la batuta de la pasión, llevando al oyente a un compás, a una cadencia con tintes melódicos y dignos del carácter lógico y catártico.

El orador tiene que estar preparado, tanto en lo concerniente a la palabra como al ademán, y también en todo aquello perteneciente a las luces del juicio correcto. Asimismo el que habla debe mostrase acorde a quienes habla. Al ser la persuasión un fin retórico, la virtud y la benevolencia son ejemplos de aquello de lo que debe servirse el que pretende llegar al que presta atención. El demagogo y el falaz tienden a persuadir por cualquier medio que esté a su mano. Muchos opinan e ignoran las causas, más todo y eso, así llegan a mover pasiones, y pueden convencer profundamente.

Debido a que el hombre se mueve en parte por los sentimientos, si el orador consigue la empatía es posible que logre su cometido de persuasión. El fin varia dependiendo de cada discurso, a la vez de que, cada tipo de discurso se sirve de ciertos elementos para logar su cometido. Por ejemplo las fabulas son muy apropiadas para los discursos dirigidos al pueblo, debido a que mediante las fábulas se comprende la semejanza. De igual modo las parábolas se pueden utilizar, además de la argumentación, el adagio y por supuesto el entimema. Aristóteles pinta un bosquejo mediante el cual nos podemos apoyar para la adecua actualización de la retórica. Claro está que siguiendo una metodología nos es posible dominar cualquier tipo de técnica y más si a ésta le dedicamos tiempo, y dicho expresamente práctica.

Existen distintos modos para pronunciar cada tipo de discurso, distintos modos para argumentar, y también muchas formas de interpretación o diversas maneras de construir un estilo que conmueva el alma del espectador. Atendiendo a cada tipo de fin, se localiza todo aquello acerca de lo que se dice o se pretende decir. Así podemos conseguir un resultado ideal. En otras palabras, a medida que, ejercitamos nuestras dotes propias de la oratoria, podemos lograr un buen ejercicio retórico.

Tanto el manejo de la voz y todo lo que a ésta le compete, como por ejemplo; respiración, dicción, entonación, los diversos matices, resonancia sonoridad, además de; capacidad histriónica, los diversos matices de ésta, estados de ánimo, etc. Así como el conocimiento de lo que se va a hablar, para quién, y con qué objetivo. Pues se debe tomar a consideración, desde el momento de su concepción, de su emprender estructural, que el discurso debe llevar implícito, en las palabras, las letras, y en la conciencia del que lo emite también, una firme dirección para la cual proyectarse con profundo afán.

La capacidad para argumentar, tanto por escrito, como en el ámbito oral, es algo que debe trabajarse, también el arte de la voz y el de la expresión corporal, esto porque; el ser humano es un cúmulo de potencialidades esperando por lógica evidencia ser actualizadas. El arte retórica es una aplicación de antiquísima usanza dentro del área comunicativa. Queda entonces por éste medio la prueba que demuestra, como el hombre retórico, el verdadero retórico es todo un artista, ya que le es accesible el hacer vibrar a un “espíritu ajeno al suyo”.
Roberto Fernando Tarratz Rodríguez














TEORÍA DE CONJUNTOS

Cada cuerpo tiene
su armonía y
su desarmonía.
En algunos casos
la suma de armonías
puede ser casi empalagosa
En otros el conjunto
de desarmonías
produce algo mejor
que la belleza.
Mario Benedetti

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN ( RESEÑA)




Las confesiones son la obra donde San Agustín se encamina a favor de una alabanza ideal. El santo obispo asume una actitud de hijo enamorado, tanto de su madre Mónica, actitud que exalta el santo en sus años de madurez, como también del sumo bien; Dios. Para ese entonces el concepto acerca de Dios ya había adquirido otro sentido, a diferencia del mundo griego, ahora se apreciaría como un ser individual.

Agustín marcó una diferencia crucial dentro del pensamiento patrístico, sus confesiones son la pauta para el cristiano ferviente. Tómase de las confesiones el modelo, el arquetipo de hombre redimido, del hombre arrepentido por los pecados (errores) de antaño. Así, San Agustín suplica y pide asistencia hasta por lo cometido en la infancia, proponiendo el de Hipona, perdón para con sus errores infantiles y precoses. Hasta en la infancia llegó a pecar san Agustín , porque estaba lejos de la verdad, así nos confiesa él. Siendo un hombre, le confiesa su fervor a cristo y al amor divino ,Dios.

Son trece los libros que conforman a las confesiones, en ellos se denota claramente el recorrido lineal de la vida de san Agustín, desde su infancia hasta su invocación al Dios cristiano. Es la historia de un hombre que visto desde un punto determinado, conoció la oscuridad, ilusión pura, para acceder a la luz que emana del bien supremo, todo esto, producto del orden de la providencia y la gracia del señor. La vida de Agustín es toda una peripecia, diversas situaciones, en las que tiene que sufrir la muerte de sus seres queridos y allegados, donde parece que va perfeccionándose, purificándose el oriundo de Tagaste gracias a las experiencias, y porque se dirige a Dios a medida que se arrepiente de lo efectuado.

Dentro del maniqueísmo el de Hipona enfrenta serios líos y contradicciones, debido a que el espíritu de San Agustín es filosófico y mas allá de ello, es fiel para con el padre, cosa que él mismo diría al momento de elaborar sus confesiones. Lejos de las “tablas de Mani” difunde la verdad del cristo. Agustín es un “guerrero” que trata conciliar la fe y la razón, por eso lucha contra las inconsistencias, que él percibe en el maniqueísmo. Tras un recorrido de vida, con trasfondo psicológico, el de Hipona se libera, reafirma, interioriza, contempla, reflexiona y discierne, cual buen filósofo. Aunque crítica la soberbia del filósofo que atiende al saber sólo de las cosas del mundo. La filosofía en esta época emprendía otro sendero, donde poco a poco se convertiría en la sierva de la teología. De este modo, Agustín trata de conciliar la filosofía y la religión, con una actitud de: “saber leer en el interior del ser, para creer y creer, para leer en el interior del ser”.

Al plasmar de esta forma su pensamiento el santo, notamos con gran claridad como se compendia el pensamiento griego; claro está, enfocado hacia otro rumbo, desde lo retórico, hasta lo platónico, marcando una diferencia crucial desde ese momento, la cual, llegaría hasta la edad media. Muchos dicen que hablar de san Agustín es hablar de la patrística, si bien sabemos que el santo produjo una gran cantidad de material literario, las confesiones son una obra de suma importancia no sólo porque son una especie de autobiografía, explícitamente hablando, sino porque en ella vemos como él, siendo ejemplo con su vida misma, dejo atrás el vicio propio del hombre y fue evocándose paulatinamente en dirección a la línea trazada por las enseñazas de Cristo.

Versado en las artes retóricas, Agustín conoce ciertos textos y sobre otras cosas, carga con él, las dotes de persuasión, propios del gran retórico. El santo conoce el latín pero confiesa que el griego no es completamente de su agrado. Sin bien fue maniqueo y cayó en la creencia de la existencia del mal y en un sin numero de supersticiones y ritos, consigue desligarse del llamado "paganismo".

Las confesiones son muestra del trayecto que la vida de san Agustín recorre, esto, en voz del propio doctor de la patrística. San Agustín abogaba por el proceso de interiorización, ya que para él, el hombre se caracterizaba por una actitud de búsqueda constante que lo conduce a la auto-trascendencia, a buscar más allá de sí mismo. El punto de partida para la búsqueda de la verdad (Dios) no se halla en el exterior sino en el interior; es decir, en la intimidad de la conciencia. De esta manera el pensamiento agustiniano emprende su andar, de una llamada a la interiorización. Así “la verdad habita en el interior del hombre”. El obispo interioriza y se mueve dentro de un proceso reflexivo. Si bien sabe Agustín, que el padre conoce ya, antes y después lo que hará el hombre, la confesión significa; la purificación, donde el hombre por medio de la voluntad se conduce hacia Dios. El hombre es libre por su voluntad no por su razón, esta es una gran diferencia entre el pensamiento griego y el agustiniano, donde posteriormente será alimento para el medieval. Ya no se rige el hombre por la autarquía. Con Agustín la vida (destino) se da en la providencia. Además a diferencia de los maniqueos, vemos como en las confesiones, el concepto de Dios, se propone como un ser incorpóreo. Si, pues, en el pensamiento patriótico-agustiniano, el mal sólo es ausencia de bien; como cristiano Agustín deja atrás la cosmovisión maniquea, que le otorga al mal consistencia, existencia.

Al final vemos como el de Hipona se acurruca en los brazos sutiles e intangibles pero omnipotentes y omnipresentes del señor. Si, ahora Mónica, la fiel madre del santo, a diferencia del padre de Agustín gentil y con sangre romana, podrá estar tranquila porque, ella, que tanto veneraba a su hijo estando el oriundo de Tagaste en la flor de su juventud, le rogaba a la providencia, esperando que ésta, le brindara razón y luz. Al hijo , este hombre que corrompido por el vicio, que lo llevaba a permanecer distante de Dios, según la propia pluma y tinta del obispo, después seria santo y confesaría al cielo su vida misma, uniendo así su dirección al caminar divino.


Roberto Fernando Tarratz Rodríguez

DE LA EXPRESIÓN EN EL HOMBRE

El ser humano, desde los albores de su existencia, se ha comunicado de modos diversos, los cuales, con el acaecer del tiempo han ido variando y en cierto sentido perfeccionando. Dentro de esas formas de comunicación, han trascurrido desde las expresiones más simples hasta las más elaboradas técnicas de manifestación sensible. Dentro del espectro del quehacer humano, el arte ha sido un punto básico de la expresión humana, sujeto a un aspecto inherente al hombre, que resulta ser lo sensible, el cual, no precisamente se le contrapone a lo racional sino que lo complementa de alguna manera. Así, para el hombre categorizado como primitivo existían un par de señales que evidenciaban la separación entre el florecer de la vida y el inevitable perecer. El movimiento y el sonido, al hálito, y la suspensión respiratoria, como el movimiento del prana. Los ritos entre la vida y muerte se manifiestan en este dual entender. La danza, como expresión corporal y el canto se funden como símbolos que ejemplifican lo animado, el ánima, la vida. Quietud y silencio son entonces símbolos de la muerte. El hombre encontró música en el cosmos, en la naturaleza (por medio de la utilización de instrumentos que estuvieran a su alcance) y en su propio instrumento, mágico y envolvente, la voz. Se fueron generando sonidos que representaban lo cotidiano, lo más cercano; es decir, lo sensible. Las antiguas culturas desde hace más de 5000 años ostentaban instrumentos armónicos. En los sistemas calendarios cíclicos, astronómicos, el movimiento forja la expresión de la vida, el devenir, la impermanencia lo, natural.

De las bellas artes, es la música (del griego: μουσική [τέχνη] - musiké [téjne], "el arte de las musas") la expresión que organiza sensiblemente una combinación coherente, racional, inteligible de sonidos y silencios (espacios) mediante los principios fundamentales y estructurales de la melodía, la armonía y el ritmo, donde intervienen diversos procesos emocionales psicológicos, sociales, culturales; a saber, todo un espíritu en movimiento, el ánima del dar, de dar de sí, es expresión natural, es síntoma de que el corazón late, es signo de vida. La música, como toda manifestación artística, es un producto gestado en la cultura, como las ciencias y en su medida también la filosofía. El fin de la música a grosso modo es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo, el estado de conciencia, del individuo. Así, la energía sonora se impulsa en varias facetas, desde lo sublime hasta lo ridículo, aunque en realidad en gustos se rompen géneros, dice las voz popular. La música que envuelve al oído es sonoridad sistematizada.

Los artistas tienen por modo de su quehacer una tendencia a mimetizar la realidad tangible. Todo arte comunica una forma especifica, todo quehacer tiene un fin determinado. El arte comunica emociones y formas de apreciación. El arte esta ligado indiscutiblemente a la imaginación, es cómplice de ésta, juega con la evocación e intima con la creatividad. Ya sea que nos conduzca a la verdad, nos libere de de las pasiones en sentido gradual al representar una tragedia (catarsis), o nos aparte de la verdad por ser sólo una imitación de ella como mencionaba el filosofo griego platón. El arte en éste mundo es creación exclusiva del hombre, y su fin lleva implícito comunicar algo en especifico, no solamente con palabras. sino con expresiones que se ligan a cualidades meramente humanas. El arte es la manifestación más pura del espíritu humano, es la exteriorización objetiva del sujeto, que se convierte en subjetiva cuando se emite dentro inteligibilidad de la realidad empírica. La expresión artística atendiendo tanto a las formas, el color, la luz, la armonía, la proporción, el carácter mimético o la flexión sobre el arte, no son otra cosa sino la “voz” de un alma que se comunica. El intelecto comunica estados metales, los estados mentales se hallan en medio de profundas vicisitudes y por ello existe gran diversidad dentro del universo discursivo.
Roberto Fernando Tarratz Rodríguez

TODAS LAS RELIGIONES SON COMO RAMAS DE UN MISMO ÁRBOL



El árbol banyan simboliza la extensión de la espiritualidad, dando sombra a todos los que se acercan. Aquí se reúnen mienbros de varias creencias: un Hindo con un pote de agua, un Budista con tazón de limosna, un Jainista, un Sikh con turbante, un clérigo Musulmán, un Cristiano, un Judio y un monje Taoista en atuendo.